Como huellas de perro


Tuvo que haber sido premonitorio que las huellas de mis pies hubieran quedado impresas al revés en el álbum de recuerdos de cuando era una bebé. El izquierdo en el derecho y en el derecho el izquierdo. Imagino que fue mi mamá quien intentó corregir el asunto aclarando a cuál pie correspondía cada huella: pie izquierdo (en el lado derecho) y pie derecho (en el lado izquierdo).

Los de la bebé sumo no podían ser más que pies ponchitos, rechochos, mulliditos, como un par de empanadas. Lo triste es que ante semejante desborde de humanidad, de masa orgánica, de pliegues, los pobres pies pasaron desapercibidos. Puede ser por esa misma razón que ese es el rasgo que aún se mantiene de aquella bebé tan sobredimensionada.

Hoy en día, los 1,72 metros no se ven compensados ni son proporcionales con los pies que me tocaron. Ellos se debaten en el número de zapatos. Son muy anchos para ser 37 y muy cortos para 39. El 38 a veces calza a veces no, pero hay que tomar una decisión. Cuando he insistido con el número 39, la punta del zapato comienza a mirar para el cielo y con el tiempo recuerdan los botines que llevan los payasos en sus actos, mientras van animando el momento con frases como '¿qué es lo que quiere la mamita?'.

No se explica cómo, ante tanta desproporcionalidad, no me he ído de bruces contra el planeta. Un carpintero diseña un caballete considerando base por altura; en mi caso la geometría es relativa y aún, a pesar de ello, sigo de pie y sigo adelante.

Un médico de mi familia intentó explicarme que el cuerpo tiene una especie de memoria que se adapta a las características de sus partes y lo hace funcional. Digo que intentó explicarme porque no creo haber entendido del todo, aunque su explicación me dejó conforme.

No me equivoco al afirmar y admitir que mis pies no son precisamente mi rasgo sexy, pero sí son tiernos, como las huellas de perro o, en este caso, de perra. Producen carcajadas, comparaciones y estudios de caso cuando los más íntimos me piden que estire los dedos y por más que intento, no hace la diferencia. A mí me quedaron debiendo diez falanges.

Son estos pies y no otros los que me han llevado a recorrer los pasos que he dado, me han soportado en mis mayores extremos, desde dejarlos encerrados sin salir de casa, hasta practicar deportes que les exigen cruzar kilómetros de distancia. Y creo que somos mutuamente fieles porque en estos 44 años que llevamos juntos, solo el pie izquierdo me puede culpar de un esguince estúpido y nunca los he martirizado o castigado con tacones.


Se entiende que unas huellas son fieles a su original y cómo hago yo para contradecir eso, aún a pesar de que en mi caso hayan quedado invertidas. He seguido mi camino, el que he creído que es el correcto, por supuesto no es el camino recto, porque ese es corto y yo voy sin afán. He seguido el que me ha fluido o el que me corresponde y ha sido con estos pies que lo he hecho, con ellos he dejado huellas, confusas, pero propias.

Comentarios

  1. Gracias por compartir! muy interesante tu reflexión acerc a de tus pies y tu recorrido por la vida! sigue escribiendo por favor!!

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