Respeto de los derechos de los niños, un fracaso

Semanas, meses y años como los que estamos viviendo, me hacen pensar que cerca de 30 años de discurso y de campañas con el propósito de proteger y respetar los Derechos de los niños han sido un completo fracaso.

Detrás de cada niño o niña vulnerado, abusado, asesinado, torturado, robado, triste o solo, hay una cadena de adultos inconscientes e indolentes que disfrazan su superficial preocupación de frases como 'tenemos que proteger a nuestros niños, porque ellos son el futuro'. ¡No! Tenemos que proteger a los niños porque son seres vivos aquí y ahora, así como debemos respetar a cualquier forma de vida humana, animal o vegetal.

Detrás de los 32 niños fallecidos injustamente hace casi un lustro en un bus en una gasolinera, no solo hay un conductor ignorante o un adulto irresponsable al momento de contratar el transporte; en el fondo hay una cadena de adultos que actúan u omiten actuar de manera correcta. Hay unas autoridades en las carreteras que no hacen controles eficaces, hay unos técnicos en los centros de diagnóstico que certifican a vehículos en pésimas condiciones de seguridad a cambio de prebendas, hay unos políticos que dan la espalda a los conflictos de la vida cotidiana, porque no quieren echarse encima a los votantes, hay una tracalada de ciudadanos que protegemos nuestra zona de confort y no nos conmovemos con el riesgo ajeno.

Cuando este hombre asesinó vilmente a Yuliana Samboní, la sociedad completa se consternó, se escandalizó: todos pensamos que era la tapa, que habíamos tocado fondo. Y la verdad es que no fuimos capaces de formularnos preguntas realmente profundas, tomar medidas drásticas y de fondo que nos permitieran sacudirnos la indiferencia y comprometernos con cambiar nuestro destino como país, volcando todos nuestros esfuerzos hacia el bienestar de los niños y niñas, a conocerlos, a escucharlos, a quererlos, a respetarlos, a acompañarlos en el proceso de construir su proyecto de vida. Nos quedó grande configurar una sociedad "al alcance de los niños".

Todos somos responsables del sufrimiento y la mala vida que están teniendo nuestros niños y niñas, porque nos hemos dedicado a construir una sociedad orientada al bien individual y no al bienestar colectivo.

¿De qué sirven campañas de artistas y personas famosas repitiendo discursos aprendidos y edulcorados durante una temporada dos o tres veces al año? ¿De qué sirve el amarillismo de los noticieros tres veces al día, que muestra niños y niñas abusados, asesinados, violentados, desplazados, migrantes, si buena parte del riesgo que corren está en la casa? No están a salvo en sus hogares, no los quieren, no los cuidan, no los atienden, no les dan cariño, no los guían. Obvio, no todos; muchos son niños privilegiados, pero sí la gran mayoría.

Greta Thunberg dice que ninguna lucha vale la pena si perdemos la lucha contra el calentamiento global, yo añado que ninguna medida social es viable si seguimos ignorando a los niños y niñas. Declarar un fracaso es admitir nuestra incompetencia y ponernos a la tarea de comprometernos con los niños y niñas y con su felicidad.

NOTA: Esta entrada la comencé a escribir en 2014. No evolucionó, porque el dolor y la rabia no me dejaban. Apenas hice una mención al tema en un hilo de Twitter que comparto:

Las niñas y niños en Colombia deberían estar jugando, aprendiendo música, explorando la naturaleza, contando cuentos, dibujando, asombrándose con los fenómenos naturales, entendiendo el mundo a través de la ciencia o viendo programas divertidos que los traten con respeto.

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